Samurai (Parte I)
SAMURAI
Voz japonesa que significa 'guardia'.
1. En el Japón feudal, militar perteneciente a la clase inferior de la nobleza que servía a un señor: los samuráis tienen un código de honor muy rígido.
2. En el Japón actual, oficial del ejército.
Los samuráis eran individuos pertenecientes a una clase inferior de la nobleza feudal japonesa, constituida por los militares que estaban al servicio de los daimyos. Antes del siglo XII aplicábase solamente a los soldados del palacio del Micado, pero no tardó en darse este nombre a todo el elemento militar por oposición al elemento popular (heimin). Los samuráis llegaron a ser famosos por su disciplina, su sentido del honor y su extraordinario dominio de las artes marciales.
En el Japón feudal, la palabra samurai designó a una clase de guerreros japoneses, especialmente entrenados en la práctica de las artes marciales, que se hallaban vinculados a un señor de la corte imperial, quien los utilizaba como guardia personal, función que se refleja de manera clara en la etimología, pues el término primitivo fue saburai (de sabuna, 'estar al lado'), de donde derivó samurai, que literalmente significa 'guardia'. Con el tiempo, se aplicó esta denominación a todos los militares (bushi) de cierto rango que pertenecían a familias guerreras (buke), por oposición a las familias nobles (honke), y a partir del siglo XII fue adoptado por el gobierno militar de Kamakura como nombre oficial del Departamento de Guerra (Samuray-dokoro).
La clase de los bushi -cuyas técnicas se transmitían de padres a hijos y de maestro a discípulo- se desarrolló principalmente en las provincias del Norte de Japón, donde los propietarios de tierras (daimyos) debían defenderse de los ataques de los ainu. Formaron entonces poderosos clanes que se oponían, desde el siglo XII, a las familias nobles que giraban en torno a la familia imperial de Kioto. Dos de los clanes más poderosos fueron los Minamoto y los Taira, que compitieron entre sí por detentar el poder y, sobre todo, el control sobre el territorio -algo vital en un país en el que menos de un cuarto de la tierra es adecuado para la agricultura- durante la época Heian (794-1185).
Uno de estos señores feudales, Tokugawa Ieyasu, quien gobernaba la parte oriental de Japón desde su castillo en Edo (la actual Tokio), se alzó con la supremacía al derrotar al resto de los daimyos en la batalla de Sekigahara en 1600 y tres años después adoptó el título de sogún. El país se gobernaba a través de una serie de daimyos semiautónomos, cuyo número ascendía hasta casi trescientos, que a su vez controlaban sus feudos por medio de samuráis hereditarios. Se les conocía por dos nombres: samurai o caballeros y bushi o bujin, que eran los guerreros de clase baja. Fue durante esta época cuando la figura de estos guerreros-aristócratas experimentó su mayor auge, porque tras las terribles guerras domésticas que habían azotado el país se hizo necesario vigilar estrechamente la paz, labor que tenían encomendada. La consecuencia inmediata fue un clasismo brutal entre samuráis, que tenían derecho a llevar armas y apellido, y plebeyos (comerciantes, artesanos y campesinos), que no lo tenían por muy ricos que fueran.
Pero hubo, además, otros cambios. Con la paz, los guerreros se percataron de que toda su pericia militar no les servía para ganarse la vida, así que muchos de ellos tornaron espadas y lanzas por plumas y papel se dedicaron a labores administrativas (resulta sorprendente, de hecho, lo muy extendida que estaba la alfabetización a principios del siglo XVII). En la nueva sociedad en paz del siglo XVII, los samuráis podían cultivar de nuevo el arte de la espada (iaido), súmmun de las artes marciales, que habían tenido que abandonar en la segunda mitad del siglo XVI, cuando los portugueses introdujeron los mosquetes de mecha. En aquel momento fue cuando comenzaron las escuelas de artes marciales como medio de formación del carácter, pues no había guerras en las que demostrar las habilidades marciales.
Cuando Japón comenzó su viraje hacia Occidente en 1868, aquellos hombres que antaño consagraban su vida al arte de la guerra no tenían razón de existir. Los samuráis y su estilo de vida no fueron prohibidos, pero sí oficialmente abolidos a principios de 1870. El desmantelamiento de la clase samurái fue definitivo cuando, en 1876, perdieron el derecho a llevar sable y se vetaron los combates entre las familias nobles. La mayor parte de los samuráis no supieron hacer con éxito la transición a la nueva era y se perdieron en el anonimato. Hasta bien entrado el siglo XX se había preservado una historia de más de mil años, esencia del espíritu del pueblo nipón, pero el nuevo Japón exigía un cambio. Con todo, el carácter espiritual y ético permaneció en la mentalidad de la nación, a lo que contribuyeron sin duda algunas novelas como Musashi, películas y obras teatrales creadas para el teatro kabuki del siglo XVII, muchas de las cuales se seguían representando a principios del siglo XXI, que narran las gestas de los samuráis con gran realismo.
Características del samurái
Los antiguos habitantes de Japón, los yayoi, desarrollaron durante siglos las armas, la armadura y el código samurái. Las primeras armas incluían arcos, flechas y espadas, las a posteriori famosas katanas. La armadura se componía de un casco para la cabeza y protecciones para la barbilla, el pecho y los hombros; con el tiempo aparecieron nuevos elementos para proteger las piernas, pues la armadura cambiaba según se introducían nuevas técnicas de combate: al principio se luchaba a pie en el suelo, pero cuando en el siglo V se introdujeron las caballerías se pasó al combate a caballo; asimismo, si en los primeros tiempos se enfatizaba en la lucha con arco, cuando los mongoles invadieron Japón a finales del siglo XIII, se dio prioridad a la espada, que permitía un mejor combate cuerpo a cuerpo y degollar luego al enemigo; más tarde se comenzó a utilizar la lanza, que podía ser usada para golpear, cortar o ensartar; a mediados del siglo XVI se introdujeron las armas de fuego portuguesas.
El código samurái se basó en su primer momento en el código chino que establecía las virtudes del guerrero, denominado Kyuba-no Michi (la Vía del caballo y del arco) y que luego dio lugar al código bushido (la Vía del guerrero), filosofía de vida del espíritu samurái. Éste se formó a partir de la unión de varios preceptos religiosos, entre los cuales fue especialmente importante la veneración a las fuerzas de la Naturaleza que preconizaba el sintoísmo. El fin de todo guerrero era llegar a la absoluta claridad mental y física (sumi-kiri) y ser un todo con el Universo, lo cual sólo se conseguía mediante un larguísimo adiestramiento mental y físico. La parte psíquica llegaba a través de la meditación zen, mientras que la corporal era resultado del entrenamiento constante en la práctica de las artes marciales, el tiro con arco, la esgrima y la equitación; a éstas se sumaba un conjunto de normas de etiqueta y de comportamiento que regía todos los actos del samurái. La lealtad de éste al emperador o a su señor (daimyo) era incuestionable. Los samuráis habían eliminado el sentido de posesión de sus mentes; vivían de manera frugal, con absoluto desprecio por las cosas materiales, pues no les interesaba más que su honor y su orgullo. Un samurái era retribuido por sus servicios con alojamiento y comida, jamás con dinero, pues además de mancillar al poseedor, provocaba en éste la preocupación de perderlo (es más, este rasgo subsiste todavía entre muchos maestros de artes marciales -sensei-, que imparten su docencia de forma gratuita).
Los samuráis estaban en lo alto de la jerarquía estamental japonesa. Su posición social les concedía incluso el derecho sobre la vida y la muerte de cualquiera que les faltase al respeto (Kirisute Gomen, literalmente 'abatir y abandonar'), pues estaban convencidos de que el pueblo bajo olvidaría fácilmente sus deberes en aras de una vida muelle si se le presentaba la oportunidad de hacerlo, razón que explica la constante vigilancia que a que era sometido el campesinado por parte de los samuráis. Por otra parte, castigar a los delincuentes sin someterlos a la ley era una práctica samurái firmemente establecida.
El samurái encaminaba su vida a ser el mejor en el Arte de la Guerra y, como guerrero que era, un samurái no tenía miedo a morir. Sin embargo, la muerte debía tener lugar en determinadas circunstancias. Una muerte heroica en, por ejemplo, una gran batalla, traería el orgullo sobre su nombre y sobre su familia durante generaciones, pero convertir un agravio personal en un combate era tomado como una demostración de poder y, por tanto, una cobardía. Durante la batalla, los samuráis preferían luchar con un solo adversario, siempre de sus mismas características. Antes de entrar en combate invocaban el nombre de su familia, de su señor, su rango y sus triunfos. Cuando habían dado muerte a su enemigo cortaban su cabeza y se la llevaban como prueba de su triunfo. Las cabezas de los generales y los oficiales de rango superior eran transportadas hasta la capital. Si un samurái era vencido o hecho prisionero no había más que un camino, el harakiri o suicidio ritual.
BUSHIDO
Del jap. bushi 'samurái' y do 'modo, conducta'.
1. Código de honor y valores morales por el que se regía la casta militar de los samuráis japoneses o miembros de la clase guerrera, implantado en Japón hacia el Siglo XII, en plena era feudal. En él se integraban los preceptos morales de Confucio, las creencias sintoístas y los dogmas del budismo Zen, y estaba regido por tres preceptos esenciales: al samurai se le exige una lealtad incondicional hacia su señor y a su palabra y debe estar dispuesto a derramar su sangre sin dudarlo. La infidelidad era condenada con el Hara-Kiri, un obligado suicidio ritual. Se tiene constancia de la existencia de códigos más antiguos en el Siglo X, pero el bushido cobró un auge especial a partir del Siglo XVIII, si bien la influencias de teóricos confuci9onistas como Yamaga Soko y Oishi Yoshio ha acabado por transformarlo en una especie de moral de tipo nacionalista. A principios del Siglo XX el ideal bushido fue ensalzado e impulsado por los dirigentes nipones.
Con el término bushido se designa el código de honor y de comportamiento social que debían observar los guerreros y nobles samuráis japoneses, desarrollado en plena época feudal, entre los períodos Heian y Tokugawa (en torno al siglo XII de la era cristiana), basado en los principios de lealtad, sacrificio, justicia, valor, modestia y honor, y fuertemente influenciado por tres religiones -budismo, confucianismo y shintoísmo- y una escuela de pensamiento, el zen. el término bushido, que literalmente significa 'vía del guerrero', se compone de dos palabras: bushi, que significa 'guerrero', y designaba a aquéllos que formaban parte de las buke o familias de tradición guerrera, por oposición a las honke o familias nobles, y la sílaba -do que, como sucede en los términos aiki-do o ju-do, significa 'camino' o 'vía'. 
La palabra bushido se documenta por primera vez en el idioma japonés en las obras de los siglos XVI y XVII, entre las cuales fueron famosas, por ejemplo, Dokukodo, cuya autoría se atribuye al célebre samurái Miyamoto Musashi (1584-1645), los libros de Toji Mototada (1539-1600), del filósofo confuciano Yamaga Soko (1622-1685) o del discípulo de éste, Daidoji Yuzan, quien proporciona una información más detallada del bushido que la que puede encontrarse en series de ensayos como las Cien leyes de Takeda Shingen. Se considera que el primer código escrito es el Buke Sho-hatto (Regla de las familias guerreras), recogido en 1615 por orden del shogun Ieyasu; posterior a éste es Hagakure (Escondido bajo las hojas) una obra sobre artes marciales y el espíritu del bushido, escrita hacia 1716 por el samurái Yamamoto Tsunetono. Sin embargo, algunos estudiosos europeos sostienen que tanto el término como su significado son invenciones del período Meiji, nacidas con objeto de reforzar la identidad nipona, hasta entonces inexistente. En Occidente, la palabra bushido se generalizó a partir de la publicación, en 1905, de una obra de Inazo Nitobe (1862-1933), titulada precisamente así, Bushido, motivo por el cual se consideró, erróneamente, inventor del término a este autor.
El bushido, que podría definirse como la caballerosidad japonesa, nació para suceder al Kyubano-Michi ('Vía del arco y del caballo') y estaba destinado en principio a regir las relaciones entre los estamentos sociales que había en Japón durante los setecientos años que duró el shogunado: los bushi (guerreros), los daimyos (señores feudales, jefes de clan o de provincias), el shogun y la gente del pueblo (campesinos, artesanos y comerciantes). No obstante, sus pautas de conducta quedaron tan arraigadas que, a pesar de que en 1868 el emperador Meiji abolió el feudalismo y suprimió la clase de los samuráis en sus intentos de conducir al Japón a una nueva era tecnológica, muchos de los principios éticos y de conducta que establece esta norma se mantuvieron en la vida social de la sociedad japonesa, al extremo de que la palabra bushido se ha incorporado a algunas lenguas occidentales para designar el espíritu nacional japonés.
Orígenes e influencias
El código de valores de bushido se formó a partir de la combinación de tres religiones -el confucianismo, el shintoísmo y el budismo- y de la escuela de pensamiento zen. El bushido aprendió del budismo a no temer al peligro ni a la muerte, pues educó a los samuráis en la creencia de que existe otra vida en la tierra después de la muerte, en la cual participarán tras su reencarnación. Ese nivel de conciencia superior, en el que es posible conocerse hasta lo absoluto y así ignorar la muerte, se alcanza a través de la meditación zen. Las doctrinas shintoístas dieron al bushido el sentido de la lealtad a los antepasados y la familia imperial, lealtad que hacía que los samuráis pusieran su vida -en su sentido más literal- al servicio del emperador o de su daimyo ('señor'). Esta misma lealtad, como es lógico, también determinó un marcado sentido patriótico hacia la tierra, a la que se alimenta, llegado el caso, con la propia vida, en justa correspondencia por los dones que ofrece (muy posiblemente sea ésta la razón que explica la afición de los samuráis por la agricultura). Por último, el confucianismo marcó los cinco tipos de relaciones con el mundo de los hombres, el entorno y la familia: entre señor y sirviente, padre e hijo, marido y esposa, hermano mayor y hermano pequeño y entre amigo y amigo, y la manera en que el samurái debe acogerse a ellas.


